- Deambulo en las calles
- inclinando mis pasos
- a través de mi cuerpo
- Está libre
- pero semejan
- callejones sin salida
- Todos corren detrás de no sé que
- como esperando
- que un polvo volátil
- se lleve el tiempo
- Giran alrededor
- de una realidad
- que no quieren ver
- Respiran al unísono
- consumiendo los espacios vacíos
- Dejaron sin aire
- a las palomas errantes
- que ya no pueden volar
- Atravieso las palabras
- sin entender un comino
- ni entender siquiera
- esta locura de vida
- Encima, la lluvia inclemente
- lavó las páginas del libro
- El viento se llevó la lectura
- a sitios inaccesibles
- Detengo mis pisadas
- para que mi alma
- no se hunda
- en este día incoloro
- que no sabe a dónde va
- Mejor vuelvo a casa
- para estar contigo
- No quiero perderme
- el calor de mi hogar

Amor extinguido
- Tus besos en mis labios
sostuvo el aliento de la tarde
dejando impregnada tu huella.
Abriste las ventanas de mi cielo gris
El sol reflejó mis pisadas
en el camino mustio.- Se agrietó el espacio
- Te fuiste
- con el viento arrastrando tu mirada
en la quietud de mis lamentos. - Quede divagando
entre los pájaros que no vuelan
con las flores de papel - diseminadas en la nada.
Tu amor se extinguió- en el silencio del tiempo
- cuando se desvanecieron
- sus cadenas.

Lágrimas
La tormenta llega a tus ojos
Tus lágrimas caen en mis manos
como la lluvia que se pierde
en tu frente fruncida
La bruma espesa cubre tu cuerpo
La noche oscura reclama con llanto
sus estrellas luminosas
Se va silente hacia el mar infinito
Estoy contigo en el sitio
más simple del camino
Contemplo absorto tu belleza sutil
Fluye la efusión de las flores perfumadas
atraídas por la luna en su fase menguante
Tu sonrisa exquisita refleja invariable
el estado de ánimo de tus sentimientos
guardados celosamente en el espejo convexo
Está dispuesto en el pasillo sin paredes
Sigo tus pasos cuando no hacen ruido
para alejarme del olvido que me persigue
Eres la luz intermitente
que marca las pausas de mi memoria
La ventana que mira al cielo
está abierta de par en par
Ilumina el silencio
Mientras aguardo impaciente
tus besos en los míos

Recuerdos
- Me siento culpable
- de nublar la memoria
- cuando los recuerdos hablan
- Estoy aferrado al árbol sin raíces
- al tronco inanimado
- que guarda tu sonrisa
- en el patio de tu casa
- Contengo la respiración
- Encuentro tu soledad
- siempre en el mismo lugar
- cuando llora la lluvia
- Le robo al tiempo
- las horas perdidas
- Mis palabras secas
- te seguirán nombrando
- así tú no estés
- en el transcurso del día

Dueño de la luna
- El frío de lluvia
- me llega a los huesos
- La brisa sin control
- golpea mi rostro inerte
- al llegar la mañana
- El tiempo
- reclama tu presencia
- con los susurros del viento
- Eres mi comienzo
- y serás mi fin
- así sea en mi memoria
- En el sitio más simple
- o en la montaña escarpada
- me quedaré para siempre
- contemplando
- tu belleza sutil
- Sólo tú me traerás
- la efusión de las flores
- y la luna será mía
- al final el plenilunio

Aún queda vida
- En contra del viento
- veo elevarse a la luna
- Sus rayos son como mensajes
- que atiborran mi silencio
- en medio de mi periferia
- Está claro en el firmamento
- mi no presencia en sus predios
- Está lleno de estrellas relucientes
- pero no alcanzo a escucharlas
- Dejo el cuarto con mi soledad
- cerrando las cortinas al partir
- No quiero oírla cuando salga
- Al menos por largo tiempo
- A pesar de los años transcurridos
- sigo en la lucha denodada
- para sobrepasar las primaveras
- Existe la posibilidad de seguir
- caminando en contra del viento
- recuperando el brillo de mi piel
- Mis pasos no quieren pararse
- Más bien protestan cuando
- se desvanecen al andar
- Pueden devorar distancias
- en busca de las respuestas
- Si queda arresto para intentar
- recobrar el sentido de la vida
- entonces, sigamos viviendo

Sentencia
Voy en busca de un camino
cuando el sol esté a punto de irse
Tal vez me pueda sentar
al lado de mi destino
en un banco de piedra
Dejaré pasar a la gente
con ojos sonrientes
mirada acuciosa
Yo seguiré estático
hasta que me digan
que no vale la pena esperar
cuando el tiempo determina
el final de los días

Redención
Se levantó como todas las mañanas con los ojos llenos de rocío. Se dirigió al baño, mojó su cara y al levantar la vista, su imagen se reflejó en el espejo. Ya no vio sus líneas armoniosas. Su mirada era soñolienta y gris. Notó unas sombras profundas en sus ojos, como si hubiese envejecido en un instante. La gracia de su belleza se había esfumado por arte de magia.
Ocultó su rostro entre sus manos y un largo sollozo de sufrimiento, cruzó la mañana. Al fin comprendió que la exuberancia de la juventud se había perdido por las paredes tristes de su alocada vida.
Deslizarse por el mundo de la mano con los zumbidos de adulación de la belleza, no había dado resultados. Un vacío pleno en su alma, fue la voz de alarma. Hizo una mueca con los labios pero la imagen del espejo quedó quieta. Ni se inmuto. Una soledad indescriptible le recorrió por todos sus huesos haciendo que los pedazos de furia, impotencia, desengaños, se agolparán de repente en su mente. Comprendió que había vivido un sueño indescifrable y ahora no tenía nada por dentro y al fin, entendió que estaba completamente sola, cuando miró el lecho vacío.
Tembló sus venas por ese descubrimiento. Su yo interior la llamó a la reflexión. Tenía que retomar el hilo de la reconducción de su destino hasta encontrar la fortaleza para conocerse y en forma consciente, elegir nuevas metas y disfrutar con mesura, los placeres del diario vivir.
Con optimismo inteligente y esta vez apegada a su realidad, volvió a mirarse en el espejo. Su sonrisa se reflejó más amplia que nunca. La envolvió una dulzura indescriptible rodando una lágrima por su mejilla pero esta vez era de alegría.
Había recuperado a tiempo su ecuanimidad encontrando su paz interior.

Cuando era niño (Relato)
De niño tenía contextura delgada. Mi cuerpo era poseído por un resorte que no me permitía quedarme quieto un instante. Era hijo salido de las aguas frías del mar de San Andrés. La planta de mis pies estaban cubiertas de rasguños por el duro caminar en las piedras afiladas de la orilla.
La playa era mi mejor compañera, sobre todo, en los veranos ardientes. Encontraba en sus brazos fríos, la gran cobija para explayarme en mis fantasías interminables que rodeaban mi mente. Cerraba los ojos, tendido en la arena. Exploraba los laberintos más recónditos de mi imaginación que se llenaban de sal al dejar las espumas de las olas, su sabor en mis labios. Al perder el camino de regreso, no me quedaba más remedio que permanecer en ella.
Cuando rastreaba las rocas debajo del agua, me creía dueño de todos los océanos hasta que el pulpo se enroscaba en mi brazo y salía a la superficie presa de pánico. A pesar que sabía lo que me esperaba al profanar sus dominios, repetía la acción otras veces.
Lo mejor llegaba con el llamado solitario de la orilla caliente. Cerraba los ojos y empezaba el desfile de situaciones increíbles donde el tiempo se desvanecía. El silencio se enrollaba en mi cuerpo para ahogarme en sus misterios.
Era el pirata errante que surcaba los mares embravecidos en busca de los tesoros escondidos. Otras veces, cuando la niebla cubría mis párpados, me iba a las Cruzadas a rescatar el Santo Grial que estaba en manos de los infieles. También tenía una red encantada que atrapaba una sirena que llenaba de escamas mi corazón enamorado a la luz de la luna llena. Su canto me hacía pasear por el universo y cuando se despedía, me dejaba de recuerdo: una estrella.
En el ocaso, abría un agujero en el espacio dejando pasar el vuelo de las gaviotas llevándose consigo, el tiempo que controla las horas. Así mi estancia era más prolongada en la tarde para que los ojos negros de los peces azules, me dieran una vuelta por los mares del mundo.
Llegó la pubertad claudicando mis aventuras imaginarias. Los amores juveniles hicieron que los guardara debajo de mis párpados. El secreto quedó oculto en el reloj de arena.
En un rincón de la memoria vuelvo a reeditar los momentos sublimes que me hicieron subir al cielo estrellado y ahora con mis palabras, los vuelvo a recuperar.

Paseo frustrado (Relato)
Estoy en la acera, esperando que mi mirada se estire hasta el cielo mientras busco el momento en que su rostro pueda asomar por su ventana. Son las diez y muy poca gente circula por la calle.
El tiempo transcurre haciendo temblar mi impaciencia. Quiero ser el primero en beber la mirada de sus ojos dormidos.
– No faltes. Tendrás mi repuesta mañana sin falta.-
Me dijo después de insistir para ir el fin de semana a la playa. Nos conocimos por esas casualidades inusitadas que nos regala el destino de vez en cuando. Estaba en la clínica visitando a un amigo y ella salió de improviso de un consultorio y por poco nos tropezamos. Quizás estaba un poco confundida. Después de sus disculpas, me quede en blanco mirando como su belleza calma tejió su ternura en mi ser. Luego, una cosa llevó a la otra. Un mes he estado corriendo detrás de sus pasos para sortear las nubes de su indiferencia.
Hasta que por fin logré acercarme a los linderos de su corazón. Me regaló su primera sonrisa y el ritmo de nuestros latidos se confundieron atados en un sólo sonido. Sentí que la felicidad se reunía en nuestros cuerpos. Las palabras se fundían en los pensamientos del alma.
Pasó una hora y no esperé más. Me acerque a la puerta y toqué el timbre. Salió una señora de mirada triste. Pregunté por Adela.
– Lo siento joven. Ella falleció anoche de un ataque al corazón.-
Un frío helado lleno mi silencio y sentí explotar mi cuerpo en miles de astillas para perderse en un interminable precipicio oscuro.
Hoy he despertado aceptando su partida y cuando las horas se perdieron en mi memoria, logré ir al mar. Caminé la arena amarga para dejar que las olas laven mis penas y se lleven la rosa donde reposa la ilusión de un paseo frustrado.
