Bordeando las grietas del final de la tarde
llegué a la isla donde canta el mar.
Mis pasos buscaron la orilla
en la playa cubiertas de rocas que aúllan.
Hice un refugio clandestino
de palmeras secas y ramas crujientes.
Orificios pequeños, como ventanas del cielo
dejaron pasar los hilos de luz
al centro de la noche mordida por tinieblas
para repintar mi poesía humedecida
Gotea un soplo de viento delgado
Se lleva los ruidos de las olas
dando color al silencio de la marea serena.
Mi cuerpo abandonado por el alma rendida
recibe del universo tupido de estrellas
el zumbido tenue de los caracoles
dando equilibrio permanente
al vacío de las horas lentas.
Así vendrá la paz en las alas vibrantes
de las gaviotas sin dueño.
La quietud será esclava de la soledad
atravesando los velos de los sentidos
llenando mi corazón aún con vida
de pensamientos que rompen la desidia.
A la inspiración le llegarán sonidos
reviviendo mi evaporada meditación.
La poesía envolverá el cielo
Yo lo tocaré con los dedos
para llevar resplandor a mis versos.


