Clausurada la penumbra de la tarde
ella apareció en mi escritura de improviso
como un verso demorado en mi inspiración
Ningún beso había besado mi alma
Llegó con las palabras inquietas
salidas de mi pluma enmohecida
al descubrir la memoria de su cuerpo
El mar se paseó por las paredes de su imagen
bajo la luz cautiva del disco de la luna
Ella vino aprisionando el silencio
en la curva de sus labios cálidos
deshaciendo la mirada amarga
de la sombra de mis ideas
Las membranas de mi cerebro
sintieron el correr de la primavera
La sonrisa vacía perdió su matiz
Por fin mi imagen reflejó trozos de mi destino
Andaba perdido
en un paisaje derruido sin color

