En el frío inclemente
la arena mojada
contempla mi obra
Mis manos fueron las palas
al hacer mis castillos medievales
Lucha constante para evitar
a las olas irreverentes
que quieren truncar mis sueños
La perseverancia persistente
hizo realidad mi imaginación
No hay mejor obsequio
que la playa desierta
Testigo mudo de mi inocencia
de mi alma soñadora
Disfruté de la sencillez
que me brindó la naturaleza
